si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana
Hoy he ido a misa a una iglesia distinta a la que suelo hacerlo habitualmente. Me sorprendió que el retablo no estaba presidido, como suele ser lo habitual, por la imagen de un Jesús crucificado, sino por la de un Jesús resucitado. Lo habitual suele ser que las iglesias, entre retablos, la que preside el altar y las que marcan las estaciones del viacrucis estén repletas de cruces. Con suerte, puede ser que veamos alguna imagen de Jesús niño, pero no suele ser habitual ver la imagen de Jesús resucitado. Curioso, cuando menos. El centro de la fe es la resurrección. Si Cristo no resucito nuestra fe es vana.
El Resucitado conserva las marcas de la pasión; no hay peligro de olvidarnos de ella. Sin embargo, las imágenes del crucificado no nos remiten a la resurrección. Probablemente la profusión de cruces en las iglesias no sea casual. A lo largo de su historia el cristianismo se vistió de filosofía griega y deberíamos pensar si en la imagen del crucificado no estaremos rindiendo culto a los padres de esta filosofía y su visión del mundo material en lugar de al Dios de Jesús.
Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo. Cristo murió por nosotros. En nuestro favor y, por qué no, en nuestro lugar. No creo que Dios quiera que suframos. Cristo, el primero en resucitar, inaugura el hombre y la mujer, los cielos y la tierra nuevos, donde Dios limpia toda lágrima de nuestros ojos y y ya no hay muerte, ni más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. No sé cómo explicar la experiencia del dolor y el sufrimiento a la que todos debemos enfrentarnos, pero desde luego ni es culpa de Dios ni Dios la quiere. Habrá que explicar porque Dios no nos la ahorra pero no se puede atribuir a la experiencia del sufrimiento en sí misma ninguna relación con Dios ni ninguna virtualidad para acercarnos o hacernos más dignos ante él. Estoy convencido de que todas las personas que me quieren no desean que sufra y me ahorrarían todo el sufrimiento que pudiesen. No puedo esperar menos de Dios. Lo que sí he experimentado es cómo Dios nos sostiene en el sufrimiento; Dios está con Jesús en la cruz. Además de eso, la imagen del resucitado es prueba y promesa de que el sufrimiento no es la última palabra.
Poner tanta atención en la cruz probablemente también haga que, en muchas ocasiones, el discurso religioso esté tan centrado en nuestro esfuerzo y tan poco en la gracia. De aquí seguramente que nuestras celebraciones sean tan poco festivas (esa al menos es mi impresión). Yo, personalmente, recibo con más alegría, celebro más que me ahorren un esfuerzo que que me lo exijan. De dar gracias, ni hablamos.
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